Para mí, llegar al Nivel III fue una etapa diferente a las anteriores.
Hasta entonces había ido descubriendo Reiki, aprendiendo nuevas herramientas y encontrando mi propia manera de practicar. Pero con el Nivel III sentí que el camino empezaba a llevarme más hacia dentro.
Empecé a entender que profundizar en Reiki no significaba necesariamente hacer más, sino estar más presente, observarme y asumir con mayor responsabilidad mi propio camino.
También cambió mi manera de mirar las experiencias. Aprendí que no siempre necesito encontrar una explicación inmediata a todo lo que siento o percibo durante una práctica. A veces simplemente puedo observar, escuchar y confiar.
Para mí, el Nivel III representa precisamente eso: profundizar, pero también simplificar; aprender, pero también soltar; y seguir caminando con más conciencia.
Y creo que, después de tantos años, sigo descubriendo cosas nuevas.
Rosana